Consejos Ciudadanos


El Museo de las Identidades Leonesas, nudo de irregularidades.
Ricardo Ibelles Navarro
30/Enero/2014
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El 29 de enero asistimos a la reunión extraordinaria del Consejo Directivo del Instituto Cultural de León, que tuvo como único tema lo referente al Museo de las Identidades Leonesas (MIL).

Fue una sesión donde hubo reclamos pero también quedó de manifiesto el desconocimiento que los integrantes del presente consejo tienen sobre el proyecto, por lo que no se sienten con el debido respaldo para tomar decisiones. Esta situación se complica más cuando se trata de manejar los recursos, que para el MIL rondan la cantidad de 16 millones de pesos.

El principal reclamo en la sesión, unánime por parte de los consejeros, fue para que de una vez por todas ya se defina lo que es el MIL, porque al parecer su concepto se parece más al de un centro de investigación, documentación, análisis y compilación testimonial, que al de un lugar que cuente con todo un esquema museológico y museográfico como los acostumbrados en un museo.

Así es que, de entrada, aclarar lo que será el MIL se ve como la primera etapa por aclarar en este galimatías, salvo por una cuestión: el tiempo.

Han transcurrido ya dos años de iniciados los trabajos de adecuación del edificio sede (la ex cárcel municipal), con una serie de contratiempos originados al parecer, más que por la lenta emisión de permisos por parte del INAH, por la falta de profesionalismo del proyectista asignado.

Según lo señalado por el presidente del consejo actual (que también lo fue del anterior , a cuyo cargo estuvo la aprobación del proyecto), hubo presión por parte de algunos consejeros para que el arquitecto Fernando Siller realizara el proyecto, con las consecuencias ya de todos conocidas. Este consejo determinó ya que el asunto sea turnado a la Contraloría Municipal para su revisión.

El tema de una incorrecta adecuación del inmueble no para ahí, ya que después de múltiples explicaciones, tanto del Director del ICL, Sebastian Serra, como del presidente del Consejo, Alfonso Barajas, aún no hay claridad en cuanto a los avances de procesos como la elaboración de un proyecto integral (que ahora sí incluya la totalidad del edificio), una fluida gestión de permisos y aprobaciones del INAH, la cubierta del patio principal, obras para las instalaciones hidrosanitarias y eléctricas, y continuar con el proceso de adquisiciones (que no sabemos en qué consisten, pues si no hay concepto del proyecto MIL, qué se compra y para qué, sería el cuestionamiento más lógico).

Ante la avalancha de cuestionamientos, proponer la contratación de un despacho externo para sustituir la figura del director del MIL, con el argumento de que así se cubriría el objetivo de concluirlo en el plazo de seis meses, fue un asunto verdaderamente secundario. Al respecto fue significtiva la exposición de Sebastián Serra, enfatizando el ahorro de supuestamente 2 mil 800 pesos mensuales que se lograría con tal contratación, ya que el salario más prestaciones del director rondan los 59 mil, y un despacho externo, carente de toda experiencia en este ámbito, cobraría 56 mil 200. El rechazo a la propuesta fue unánime.

Varios asuntos quedan de manifiesto, sin restar importancia a los mencionados. Es preocupante:

  • Que los integrantes del actual consejo directivo del ICL no conozcan a fondo el proyecto, o lo que hay, del proyecto del MIL. Mensualmente aprueban estados financieros, y al menos ya aprobaron todo el ejercicio 2012. En ellos siempre hubo cifras de recursos asignados al proyecto MIL.
  • Que el presidente del consejo drectivo trate de descargar la responsabilidad en el anterior, sin asumir que él también lo presidió. Su insistencia en decir que hubo presión de un consejero para la contratación del proyectista, no descarga la responsabilidad que él también tendría por haber aceptado la supuesta presión.
  • La insistencia, tanto de Serra como de Barajas, para tratar de contratar a un despacho al que ya previamente se había asignado otro trabajo del MIL y que, a decir de al menos dos consejeros integrantes de la comisión técnica del Museo, la calidad de lo entonces entregado dejó mucho que desear. Aquí habría que investigar el importe del trabajo y los entregables de acuerdo al contrato.
  • En la sesión tampoco fueron presentadas otras opciones de contratación, ante lo que los consejeros argumentaron la falta de elementos para comparar propuestas, para determinar determinar si eran competitivas o desproporcionadas.
  • Independientemente del inicio tan accidentado del proyecto, hoy en día se han fundado expectativas sobre el MIL que empujan a que se siga con el proyecto, pero también es necesario hacer un alto y definir lo que verdaderamente se quiere que sea. Ese proceso, consideramos, debería ir más allá del ámbito del Consejo, involucrando a la sociedad civil interesada en ver un MIL consolidado y en funciones.

El consejo directivo del Instituto Cultural de León decidió finalmente nombrar un director del MIL, que deberá ser aprobado por la respectiva comisión técnica, con perfil operativo.

Sólo queda esperar que este asunto no quede como evidencia del desparpajo y despilfarro de los recursos públicos y el fracaso de un proyecto que, aunque accidentado, es patrimonio de todos.

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