Sara Noemí Mata


Regresé para despedirme
07/Octubre/2014
Resulta un poco extraño volver a entregar un artículo para este periódico luego de más de diez semanas de haberme ausentado sin decir adiós.
Recuerdo que cuando era niña tenía dificultades para comportarme educadamente en términos de las formalidades de saludar o despedirme, por ejemplo al llegar o salir de una reunión familiar. En alguna ocasión, ya estando a una cuadra de la casa de mis tías, mi madre me preguntó: ¿te despediste de tus tías? Yo, que era descortés pero no mentirosa, le respondí que no. Mi madre me hizo volver a casa de las parientas a “dar las buenas noches”.
Entonces, como hoy, me resulta embarazoso regresar a un lugar de donde salí sin decir adiós, sólo para decir adiós; pero lo hago porque así me lo enseñaron y porque, finalmente, las despedidas sirven para dar las gracias, por la compañía, la plática, el rato convivido.
Esta despedida también sirve para puntuar el final –así sea provisorio- de un proyecto que un remoto 11 de octubre de 2010, arranqué con urgencia de indagar y procesar, pensar y sustentar, escribir y reescribir; en suma, de hacer periodismo así fuera semanal.
Por este lugar he querido que pasen los temas de los mundos que me apasionan y a los que dedico afanes profesionales y personales: la ciudad, el periodismo y el activismo ciudadano.
Muchos asuntos se me quedan formados: la ambición que, como la fe, puede mover montañas, con el caso de la construcción del Costco en el Cerro Gordo; el proyecto-desastre de remozamiento de calles del Centro Histórico; las inspiradoras obras de la Plaza de la ciudadanía en León II; las infraestructuras que con cargo al erario se deberán hacer para mitigar los impactos hidráulicos que ha causado el outlet de calzado Mulza; los triunfos legales de los opositores a la inundación de pueblos por la presa Zapotillo; las incongruencias de los cambios en el sistema de recolección de residuos urbanos; lo que aún no sabemos sobre las nuevas etapas del SIT; el racismo que permea nuestra vida social y algunas ideas para combatirlo; lo que todavía no cuaja en Las Joyas y lo que ya camina en esa porción de León; la desolación que campea en la Ibero con sus cambios de rectorado; lo emocionante que es ver teatro para sordos y saber que en nuestra ciudad hay un grupo así… en fin. Este espacio no se cierra por falta de temas o de ganas; tampoco por petición de nadie sino por decisión propia.
Agradezco en lo que vale, que es muchísimo, el espacio de libertad que Milenio León, a través de su director editorial Pablo César Carrillo, me otorgó las 163 ocasiones en que apareció mi colaboración.
En la misma cota está mi agradecimiento con los y las lectoras, silenciosas o replicantes, que me otorgaron el favor de su atención, el regalo de su lectura.
Para mi, decir adiós es tan difícil como decir hasta luego pero, como canta Aute, las historias no acaban porque alguien escriba la palabra fin.
 
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