Pablo López Fosado


Elecciones en la democracia autoritaria
04/Junio/2015
Las elecciones en una democracia o en un país que aspira a tenerla debe tener un elemento indispensable, la posibilidad de cambio real. Lorenzo Meyer ha puesto en el diccionario de la política mexicana el concepto que mejor describe al régimen en el que se desarrolla, es una “democracia autoritaria”. Democracia y Autoritarismo conceptos contradictorios entre sí que se conjugan en las estructuras de poder en México.
La patología de un sistema atravesado por la democracia y el autoritarismo es la imposibilidad de que una opción político social contraria a las conservadoras élites  político-empresariales aborde las riendas de un gobierno.
Los fraudes electorales en México se cuentan por montones, sin embargo, ha habido muestras monumentales precisamente cuando el régimen autoritario y las élites empresariales que lo acompañan han visto que sus intereses creados en alguna manera corren peligro.

En 1988 el autoritarismo envejecido junto con los poderes fácticos del país se impusieron mediante fraude a la insurgencia electoral, marcaron con sello la ilegalidad del gobierno entrante y la desconfianza generalizada en los procesos de elección. La democracia era un sueño urgente de realizar. Las consecuencias que tuvo que pagar el país económica y socialmente a finales de 1994 fueron devastadoras. Precisamente las elecciones presidenciales bajo el régimen autoritario de 1994  dejaron un candidato presidencial asesinado. Luis Donaldo Colosio fue, hasta después de su muerte, (para muchos) la posibilidad que hubiera cambiado los destinos del país y el viejo orden de la institucionalidad antidemocrática. Él era candidato del sistema y del régimen que había gobernado hasta entonces por más de seis décadas al país, ahí surgió como político y construyó su carrera como cualquier priista de entonces, no era un opositor de las políticas de su partido ni a las del presidente en funciones. ¿Podría un perfil con esas características encabezar el cambio hacia la democracia con un nuevo orden institucional y comenzar así un nuevo proyecto de nación?. Nunca lo sabremos, lo que sabemos es que las investigaciones encargadas del caso  21 años después, siguen apuntando al “asesino solitario” algo inverosímil. Zedillo se encargó de administrar el sexenio con políticas al exterior y al interior muy similares al de su antecesor, curiosamente no se pueden ver al día de hoy.

Para el año 2000 había un objetivo entre derechas e izquierdas partidistas (el PAN y el PRD), derrotar al añejo e infuncional autoritarismo y eliminar con ello los enormes intereses creados en más de 70 años de partido único. Por un momento y pese a sus grandes diferencias se pensó que podrían asociarse en un bloque democrático que condujera a la derrota del PRI y a la construcción de una democracia funcional, los partidos y sus principales actores no estuvieron a la altura de un acuerdo de ese nivel.  Las sorprendentes elecciones de Julio del 2000 concluyeron con más de 70 años de gobiernos del PRI. La elección relativamente libre de trampas brindó al PAN y a Vicente Fox legitimidad de sobra para construir el cambio hacia la democracia y comenzar un camino de instituciones libres no sometidas a la venia de un autócrata omnipresente. El optimismo generalizado en el llamado “el gobierno del cambio” comenzó a desvanecerse extremadamente rápido. El PAN que hasta entonces se había levantado como la antítesis PRI decidió eliminar la euforia del cambio y su propia ideología cuando se dejó envolver por quienes Fox llamó “víboras prietas”, se dió cuenta que no morderían si él cedía a sus encantos, y lo hizo. Pronto el PRI de Madrazo, Gordillo y otros le ayudarían a gobernar “el cambio”. Naturalmente todo terminó en un desastre y el autoritarismo con pequeñitos destellos de democracia continuaba.

La izquierda política. En 2006 Andrés Manuel López Obrador entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal, atrajo los reflectores en demasía. Sus populares políticas implementadas en la Ciudad de México (replicadas después por la derecha) y su discurso anticorrupción le llevaron a ser catalogado como “populista”, y ya entrados en las elecciones el régimen y las televisoras lo pondrían en la escena pública como “un peligro para México”. Cabe recordar que antes de presentarse como candidato se le había desaforado, intentos de la democracia panista por impedir otra oportunidad de cambio. Las elecciones de 2006 evidenciaron la errada transición democrática, la endeble autonomía de las instituciones (como el IFE) y lo poderoso de los poderes fácticos, en particular, las televisoras. El sospechoso pequeño margen que le dió la victoria a  Felipe Calderón marcó una elección amañada y tendenciosa, fraudulenta, fue como aquellas elecciones que creíamos no se repetirían.

Las elecciones de 2012 llegaron con un conocimiento relativo de lo que sucedería. El PAN después de 12 años de gobiernos fallidos entregaba nuevamente el gobierno federal al PRI, un partido que en una democracia seria no debería subsistir y que con la alternancia del 2000 se pensó (incluso) en su extinción, pero, nada más lejano, volvió a la presidencia, controla las cámaras legislativas y ha extendido el número de sus aliados incondicionales como el Partido Verde (un infractor permanente de la ley electoral). La posibilidad de cambio quedaría en espera (por si todavía no fuera suficiente) de lo que se pueda llegar a resultar en 2018 y en vísperas de lo que al viejo régimen y la red paralela de intereses político empresariales puedan hacer para mantener el dañino desorden institucional.

José Woldenberg tuvo la tragedia de presenciar lo que el IFE fue y lo que el INE ya no es, tal vez por ello con frecuencia y de manera fisiócrata (en el caso de la petición ciudadana contra el Verde) mantiene una postura de no sanción donde el dejar hacer y dejar pasar debe motivar al ciudadano a castigar únicamente a través del voto. Sin embargo, el poder sancionador del voto obedece a una ciudadanía que no presenta asimetrías en la información y en México el duopolio televisivo junto con la mayoría de medios de comunicación tiran para un solo lado.

Escasas y muy focalizadas las opciones de cambio en las elecciones intermedias (característica de las democracias autoritarias), los independientes como el “Bronco” en Nuevo León prometen un rumbo distinto para la vida institucional de ese estado, aunque para puras habladas ya no estamos y en caso de llegar a la gubernatura esperemos que no se avicente. La izquierda moderada del Morena (parte movimiento social y parte meros políticos, adicionadas con desbandadas del PRD para ganar votos a como dé lugar <<el caso de Vidal Llerenas y Mario Delgado por ejemplo>>)  concentra su competitividad en la Ciudad de México y casi exclusivamente ahí, tendrán que demostrar y pronto que no son el PRD con diferente nombre. Partidos como el Humanista y Encuentro Social son nada más de evaluar propuestas y comentarios de sus candidatos, extensiones del conservadurismo más retrasado del país, piensan que su origen tal vez puede camuflarse pero es evidente.

La democracia autoritaria, algo que por un momento soñábamos se había extinguido nos recuerda que nunca nos dejó, pudo maquillar un poco  pero continua con una presencia en todo orden institucional. En general no tenemos opciones de cambio (salvo excepciones) en estas elecciones. El sistema que provee la democracia autoritaria (partidos políticos, gobiernos, instituciones) está en relativa calma, su continuidad está asegurada para los próximos años porque los obstáculos para llevar a cabo una transformación democrática (un cambio real) siguen siendo enormes.
 
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